ABBA : DANCING QUEEN

ABBA : DANCING QUEEN

Like
14
0
lunes, 02 diciembre 2019
Novedades

Las divinas sorben daiquiris y cuchichean. Una de las chicas está fuera de foco, en el sentido de no encajar con la normativa social de mujer joven y bella. Se llama Muriel y según las divinas es gorda, deprimente y escucha música de los 70. «¡Estamos en los 90!», le grita una de ellas y Muriel, despreciada en la categoría de aspirante a novia, rompe a llorar. En la escena siguiente, Muriel pone un casette en un radiograbador rosa y la vemos musitar la letra de «Dancing Queen» de Abba como si estuviera silabeando la peor pesadilla oscura de The Cure.

Su habitación es un santuario, una abbadía plagada de fotos y pósters de los «Beatles suecos»: Björn, Benny, Agnetha y Frida en el cielo con diamantes. Estamos en 1994 y en la película australiana El casamiento de Muriel, el director P.J. Hogan resignificaba el catálogo millonario que Abba produjo en los 70 con el mismo efecto que por entonces Kurt Cobain quería para la música de Nirvana: convertirlo en el sonido furioso de los inadaptados, de los que no encajan. «Dancing Queen», que vuelve primero en el largometraje en versión orquestal y luego en la conmovedora escena final de la película, adquiere allí la energía liberadora que, en esos primeros años 90, podíamos adjudicarle a «Smells like Teen Spirit». Solo que sin ruidismo ni gritos, sin musculatura de rock grunge, haciendo de ese «euro disco de cuento de hadas» un manifiesto de lo que hoy llamamos queer. Para Muriel, el personaje que catapultó a la fama a la actriz Toni Colette (Australia, 1972), el sonido cristalino y la estética camp de Abba existen para redimirla de todo el desprecio que ese mundo (una familia catatónica, surfers musculosos, las mencionadas divinas) siente por ella.

En pleno auge del rock alternativo, la emergencia del brit pop y la influencia estética del hip hop y la electrónica, «Dancing Queen» volvía en esa película de 1994 como un boomerang para recordarnos la sencillez demoledora de su mensaje («Puedes bailar, pasarla como nunca») en clave de himno anti-bullying. Un máster de defensa personal en un estribillo. A partir de Muriel, no más consumo irónico: Abba es cosa seria.

Con «Waterloo», Abba desplazó a las favoritas del concurso musical, Olivia Newton John (Inglaterra) y Cigliola Cinquetti (Italia), al cuarto y segundo lugar, respectivamente, y desplegó un dominio que solo puede ser definido como napoleónico sobre el pop. Los llevó a ser el grupo más taquillero de los 70 (sus ingresos superaban a los de la automotriz Volvo) y sumar al día de hoy unos 400 millones de discos vendidos en todo el mundo. En la era del streaming, Abba suma 10.624.937 oyentes mensuales en Spotify. Su canción más escuchada es «Dancing Queen», a la cabeza de un top 5 soñado: «Gimme Gimme», «The Winner Takes it All», «Mamma Mia», «Super Trouper».

Es curioso que «Dancing Queen» haya aparecido unos meses antes de que los Sex Pistols practicaran la sedición artística en Londres, vapuleando a la monarquía con su virulento «God Save the Queen». Mientras el grupo que mejor expresó al punk como estética cantaba esa canción desde un barco alquilado durante el jubileo de Isabel II, los Abba estrenaron su hitazo en una gala por la boda real de Carlos XVI Gustavo de Suecia y Silvia Sommerlath, la reina danzante original y madre de Victoria, actual heredera de la corona sueca. Extremos -de lo anárquico a lo cortesano- del uso político de una canción, Sex Pistols y Abba compartieron una época en la que música pop marcaba la agenda de una manera que hoy solo lo hace la tecnología.

Dancing Queen» llegó al número uno en el Reino Unido, Australia, Estados Unidos, Japón, México, Canadá, Holanda, Alemania, Bélgica, Irlanda, Suecia y Sudáfrica. En la Argentina no hay datos del simple, pero se sabe que el álbum Gracias por la música vendió 500.000 discos en 1980. Se trató de una versión de los hits de Abba en español producida por la RCA de Buenos Aires, a partir del éxito enorme que había tenido en 1979 la versión en castellano de «Chiquitita». En el álbum, Frida y Agnetha cantaban a partir de las traducciones y adaptaciones de Buddy y Mary McCluskey, ejecutivos de la discográfica, con apoyo de la periodista Ana Martínez del Valle. En Gracias por la música, «Dancing Queen» se llamó «La reina del baile» (un título casi de Cacho Castaña) y no estuvo entre los cinco simples que se hicieron del disco. Las chicas cantan con un acento torcido, y la versión pierde encanto fuera del inglés original. Pero quizás haya sido suficiente para que, en secreto, alguna Muriel argentina brillara por dentro como eso, una «Dancing Queen».

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *